jueves, 29 de enero de 2009

Yo no irè...

No seré yo el que ponga los pies en Piemonte. No seré yo. Con la ansiedad de los últimos trámites, sube y baja por el cuello un aliento que no me pertenece. La fotografía del pasaporte, el repaso de la geografía, la elección de la vestimenta me pertenecen, pero sé que estoy cumpliendo un mensaje que tiene casi un siglo: volver.
Dijo "volver" Matteo Castagno el día que dejó Saluzzo y levantó el pañuelo por última vez. Dijo "volver" Lucía Mainardi cuando ocultó las lágrimas de la ida sin regreso. Es que tenía sueños y los sueños no se transportan ni se devuelven. Los sueños son uno mismo.
Pero no retornaron ni Matteo, ni Lucía, ni Matilde Devalis, la de Barge, ni Juan, ni Gaudencio, y tampoco el último de los Matteo -mi padre- que me dijo muchas veces, con su palabra escasa y su mirada triste: "alguna vez iré a Italia..."
Yo no lo entendía. No era turismo, ni pasión, ni promesa. América les dio distancia que quisieron devolver, porque con nada ajeno se quedaban.
Qué clase de nostalgia era aquella que mojaba los ojos cantando "La Violeta" y sin embargo los empujaba a echar raíces cada día más fuertes, cada vez más anchas?
Qué clase de cita prometieron que los obligó a levantar edificios, dictar leyes en una lengua nueva, a pesar de las conversacioines en el antiguo idioma de Cúneo y Pinerolo?
Me dije el otro día: tengo que devolver sus sueños al lugar de origen. Cómo hacer con tanta carga que ningún avión podría soportar?
La familia se hizo grande, la raíz se ha hundido muy profundo. En pocos días, el avión desandará en horas lo que necesitó cuarenta días alguna vez. Y bajarán mis pies en Fossano, y mis manos tocarán las paredes de Fossano, y mi vista abarcará los paisajes del Piemonte, pero no seré yo quien recorra con mi esposa los paisajes. Rodeándome, poniéndome alas, subiendo y bajando por mi garganta, serán tantos sueños conseguidos...Tantas promesas incumplidas...Tanta nostalgia compartida...
No pregunten por mi nombre. Podría estar un largo rato nombrando gentes italianas que no tuvieron ocasión de enterarse que uno de ellos, muchos años después, estaría pagando la promesa.
Alcides Castagno

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